Todos escondemos pequeñas o grandes infelicidades. Las llevamos con nosotros en la mente al trabajo, las ponemos temporalmente bajo la almohada cuando nos vamos a dormir o las metemos debajo del tapete cuando estamos rodeados de otros. Las mantenemos en silencio, las negamos, las rumiamos solos.
A menudo, es mucho más fácil permanecer indefensos, seguir enterrando las infelicidades donde podamos. Digo "fácil", porque nuestro bienestar no sucede por sí solo, requiere esfuerzo, voluntad y sabiduría. Y eso demanda tiempo, práctica y muchas veces un apoyo externo.
La psicoterapia individual no te convence de nada. No es su papel convencerte de que tus infelicidades "no son tan grandes" o que "también superarás esto".
La psicoterapia te ayuda a ser consciente, para que puedas empezar a transformar. Te ayuda a que, en la próxima situación difícil, sepas cómo descoser la infelicidad pieza por pieza para poder convertirla en una nueva prenda. No te dice que no habrá más infelicidades, sino que te ayuda a ver siempre la alternativa.